martes, 22 de diciembre de 2009

LO LÚDICO


No olvido el paraíso,
ese lugar de la infancia,
con su felicidad a cuestas
y tanta luz entre los ojos.
María Mercedes Carranza.

Que te vas a acordar Isabel
de la rayuela bajo el mamoncillo de tu patio
de las muñecas de trapo que eran nuestros hijos
de la baranda donde llegaban los barcos de La Habana cargados de... en cambio yo sigo tirándole piedrecillas
al cielo... haciendo y deshaciendo figuras en la piel de la tierra y mis hijos son de trapo y mis sueños son de trapo.
Raúl Gómez Jattin.



Hablar de lo lúdico en el ser humano nos remite a un espacio lejano, ausente y, en palabras de Humberto Maturana, a un camino desdeñado. Alguna vez jugamos y nos dejamos llevar por el asombro infinito generado por las hojas acunadas en el viento, por la danza de las mariposas, por la palabra desconocida, por el descubrimiento diario en medio de la aventura de la vida. Ahora, frente al espejo, no encontramos más que hombres y mujeres serios para los que el juego y lo lúdico pasaron a ser parte de la historia, la de cada uno y la de los otros; algo sin importancia que no tiene más lugar que un apretado cajón que nunca abrimos. Es aquí donde empezamos a perder el sentido de lo cotidiano como construcción permanente, la posibilidad de reconciliarnos con nosotros mismos y con los demás, la ruta a los lugares que añoramos, la certeza de la felicidad como algo permitido.

Lo lúdico es aquello que nos lleva al espacio de desarrollo personal creativo, espontáneo y placentero; a la posibilidad de satisfacer necesidades básicas; a la construcción individual y colectiva; a la formación de la cultura, a una actitud de vida. Mantiene, además, la capacidad de asombro, recupera el contacto con lo afectivo, nos permite una liberación interna y contribuye a la resolución de conflictos. Es una dimensión básica en el desarrollo de los seres humanos y por eso la necesidad de devolverle su espacio, ahora ocupado por relaciones funcionales, actitudes pasivas, modelos estáticos y ausencia de afectividad.

Lo lúdico es la dimensión, la actitud, la pasión, las ganas de vivir. Lo lúdico actúa, si lo dejamos, en cada instante, en cada mirada al mundo, en cada respiración; nos construye y nos resignifica en medio de la esperanza de alcanzar nuestro proyecto de vida. Esa misma esperanza que parece perderse cuando olvidamos jugar, en medio del afán de llegar a ninguna parte y de la racionalidad excesiva que derrumba los sueños, en medio del abandono de la tierra, de la ausencia de afecto y relaciones significativas, en medio del miedo a hacer y a ser, en medio de lo arbitrario y de las socializaciones equivocadas, en medio de la guerra.

Es necesario, entonces, hacer una revisión del origen de la dimensión lúdica y de las características y condiciones que permiten que se convierta en una herramienta imprescindible para el desarrollo integral del ser humano.



La situación de lo lúdico

Lo lúdico es una actitud y actividad natural e imprescindible para el ser humano. Sin embargo, se ha convertido en aquello poco serio y sin importancia; aquello que es permitido sólo como una distracción sin sentido, o lo que no es permitido porque es más importante que un niño se maquille de tristeza en un semáforo, o sea el papá de sus hermanos, o camine por su país sin su tierra. Desde este punto de vista el juego, aun con mayor certeza, es desterrado a un rincón arrugado al que ni niños ni jóvenes ni adultos vuelven a acercar.

Primera pista: nos olvidamos de lo lúdico porque tenerlo presente significaría encontrarnos de frente con ese espejo al que tanto tememos, reencontrarnos con la vida sin disculpas, encontrarnos con nosotros mismos sin los personajes que hemos actuado para no contactarnos con lo que somos.

Segunda pista: dejamos de lado lo lúdico porque consideramos que es lo menos importante. Lo que vale es que los niños y jóvenes produzcan bienes materiales, aporten dinero, pongan cara de adultos serios e insensibles ante la vida que pasa con prisa cuando lo que quieren es disfrutarla... jugarla.

Tercera pista: olvidamos que aprender es divertido y que las aulas están para convertirse en espacios alegres, significativos y lúdicos porque separamos el juego del trabajo. Convertimos el espacio de clase en un recinto de “conocimientos” que no tienen ninguna relación con las risas y las emociones.

Cuarta pista: olvidamos que con el juego y lo lúdico, a través del camino, hemos resuelto situaciones conflictivas, nos hemos liberado de las opresiones internas, hemos ensayado la vida.

Quinta pista: olvidamos el juego porque no jugamos.
FUENTE. Jorge Arce Hernández

jueves, 3 de diciembre de 2009

ENVEJECEMOS PORQUE DEJAMOS DE JUGAR



QUÉ CIERTA LA FRASE DE BERNARD SHAW QUE REGISTRÉ EN EL COSTADO DE MI BLOG, ES CIERTO, ENVEJECEMOS PORQUE DEJAMOS DE JUGAR.
CUÁNTO HACE QUE NO JUEGO, CUÁNTO HACE QUE NO ME DIVIERTO, CUÁNTO HACE QUE NO ME RÍO A CARCAJADAS, CUÁNTO HACE QUE NO COMPARTO ALEGRÍAS CON ALGUIEN, CON CUALQUIER SER HUMANO, CUÁNTO HACE QUE NO SOY FELIZ...
PROBABLEMENTE SI HICIERA UNA TERAPIA LÚDICA ME SENTIRÍA MEJOR QUE AHORA, POR LO MENOS EN LA HORA DE LA SESIÓN OLVIDARÍA MIS PROBLEMAS, MIS DOLORES, MIS PENAS Y CREERÍA QUE ES BUENO ESTAR VIVA.
AHORA SOLO ESPERO QUE LLEGUE LA NOCHE PARA QUE ME SUMA EN EL MÁS PROFUNDO SUEÑO Y ALLÍ PODER VIVIR MIS MÁS LINDAS FANTASÍAS O SINO POR LO MENOS, NO SENTIR NADA, ESTAR COMO MUERTA, SIN CONCIENCIA Y NO TENER QUE RECONOCER QUE EXISTE UNA REALIDAD QUE ME INCOMODA, ME DEPRIME, ME ATORMENTA, ME DAÑA, ESTA...MI REALIDAD, LA QUE NO PUEDO CAMBIAR Y QUE A VECES CREO QUE EMPEORA CADA DÍA, QUISIERA TENER ALGUIEN QUE ME AYUDE A MODIFICAR MI REALIDAD, A CAMBIARLA, A PONERLA SIQUIERA MÍNIMAMENTE COMO YO NECESITO VIVIR, PERO ESO ES IMPOSIBLE...TOTALMENTE IMPOSIBLE...  Ara.