sábado, 17 de septiembre de 2011

Lo lúdico está siempre presente en nuestras vidas















No es fácil decidirse a jugar cuando se es adulto. Pero algunas veces lo hacemos sin darnos cuenta. Yo por ejemplo a veces pienso que juego como cuando era niña y reunía figuritas de distintos colores y brillantes para formar un álbum o para directamente adivinar con un cuaderno dónde estaba cada una y hacernos de más de ellas.
 Bien ahora ya no juego a adivinar con un cuaderno pero sí de alguna manera continúo jugando cuando reúno imágenes en distintas carpetas en mi computadora. Lo hago a medida que voy necesitando para ilustrar alguna entrada de mis blogs, pero realmente tengo ya muchas y me gusta ordenarlas por materia y cuando se cae el sistema y no puedo escribir me dedico a mirarlas o a probarlas como fondo de pantalla.
 Es algo que me gusta hacer, el hecho de buscarlas en google además me lleva casi siempre a conocer distintos blogs o noticias, muchas veces libros, poesías o sitios muy interesantes en los cuales aumento mi caudal de conocimientos y además me entretengo mucho.
 Por todo esto es que decía que muchas veces lo lúdico está presente en nuestras vidas y no lo notamos, a veces puede suceder hasta con nuestro propio trabajo, pero ésto sólo puede darse cuando uno trabaja en lo que le gusta hacer y no lo hace solamente para recibir dinero, subsistir o lograr prestigio, sino cuando uno está en esa parte de la tarea en la que dejamos lo mejor de nosotros con alegría y empeño y a veces no nos importa ni las horas que estamos con ese trabajo, sólo esperamos verlo terminado y ser felices con nuestra obra terminada en las manos. Esto creo les debe pasar especialmente a los artistas, pero he comprobado que puede darse en cualquier área, repito, si tenemos la suerte de trabajar en lo que nos gusta.
 Lo lúdico está presente en nuestras vidas siempre, sólo hay que estar atentos y reconocerlo para poder disfrutarlo aún más.

domingo, 4 de septiembre de 2011

MEMORIAS DE LO LÚDICO



TEXTO: MEMORIAS DE LO LUDICO


Para el catálogo de la Colección de Juguetes Antiguos de Ramón Sotomayor, escribí el siguiente texto, que aborda qué es una colección en general, y de qué trata ésta, en particular.



MEMORIAS DE LO LÚDICO

“Ese extraño recinto que llamamos Arte es como una sala de

espejos o una galería de ecos: cada forma conjura un millar

de recuerdos y de imágenes de memoria”.

E.H.Gombrich, Meditaciones sobre un Caballo de Juguete.





Una colección es más que el acopio meticuloso de una serie de objetos similares entre sí: es, por sobre todo, la conformación de una entidad con carácter propio, que crece y adquiere valor…a veces monetario…pero siempre emocional.

Así mismo, la figura del coleccionista es la de un hombre que perpetua su asombro ante un objeto específico, para él único y maravilloso. Y como una revelación, esa admiración personal se hace imperiosa y se busca percibirla seguidamente; y no sólo eso: el deseo de transmitir la misma emoción a otras personas se vuelve un desafío. Surge en ese momento, entonces, y como única solución posible, la reunión afanosa de grandes cantidades de ese objeto del deseo: pero si en principio no es la pieza por sí misma la que causará asombro en los otros, si lo será entonces la constatación paciente de su recolección en serie. Por ende, se comenzará a admirar al objeto (sombrero, moneda, juguete) y se le respetará por sus cualidades intrínsecas, pero también porque ha sido capaz de inspirar el nacimiento del impulso metódico de recolección en un hombre.



La colección de juguetes antiguos de Ramón Sotomayor responde, como todo acopio, al deseo de acumulación de un objeto señalado por el coleccionista como venerable. Sin embargo, Sotomayor difiere de la gran mayoría de los coleccionistas, por su actitud generosa: él no guarda las piezas para sí en un cuarto bajo siete llaves, sino que estimula la apertura de su propia colección, entregando parte de sus objetos, para que sean intervenidos por algunos artistas.

Se abre la colección como un fruto, ofreciéndose en varias líneas de desarrollo creativo, que concluyen todas en una exposición: primero, la muestra de un número determinado de objetos pertenecientes a la colección. Luego, la exhibición de piezas que han sido modificadas por artistas. Finalmente, la presentación de esculturas articuladas en bronce.



De lo primero, podemos afirmar que es la ocasión para deleitarse con, para muchos, verdaderos recuerdos de infancia: aquello que alguna vez fue cotidiano, regresa ante los ojos para acontecer como forma pura, sin que el potencial juego sea nunca iniciado. Los triciclos, las muñecas, los autos, están ahí para ser percibidos, tal y como los vieron dadaístas y surrealistas a principios del siglo pasado: como objetos de inspiración, poderosos elementos de la imaginación, que colaboran activamente en la construcción visual de nuevas vías de pensamiento.

Pero, al contrario del objeto encontrado de Duchamp, el objeto buscado del coleccionista no es recalificado como Arte, sino que se le otorga valor en sí mismo en tanto que mero Objeto.

El juguete, al ser expuesto, cambia de categoría, y de haber sido originalmente manipulable, pasa a ser algo únicamente admirable por la vista. Lo Dionisíaco y lo Apolíneo entran en combate.



Gana Dionisos la segunda partida, cuando un conjunto de juguetes es entregado a diversos artistas, quienes obtuvieron el privilegio de regresionar estéticamente a aquella época de nuestras vidas, donde todo soporte era adecuado para nuestra expresión plástica. Es así como en cada coche de carrera, tanto el control del impulso gestual, como la liberación de un ánimo naif genuino, quedan reflejados mediante sensuales intervenciones de color, textura, pasta y huella.

La convocatoria, muy lúdica por cierto, de extralimitar la disciplina habitual y superar el desafío de intervenir un juguete conservando la identidad plástica del artista, encontró un eco eufórico, cuyos resultados saltan a la vista.



La tercera área del proyecto lo conforman una serie de inusuales esculturas articuladas en bronce, creadas por el propio Ramón Sotomayor, a partir de los moldes con que se fabricaban las muñecas antiguas: la inspiración estética surgida a partir de los juguetes, indica entonces que una colección no sólo es resguardo de la memoria; es también fuente continua de creación.



Natalia Arcos Salvo

Teórica e Historiadora del Arte

Master Arte Contemporáneo, Université París IV-Sorbonne.

domingo, 21 de agosto de 2011

Cortázar y su teoría del juego en Rayuela de Hernán Maximiliano Huguet



María Amelia Arancet en “El juego en Rayuela de Julio Cortázar” afirma que lo lúdico asume en la novela variados matices y recorre distintos planos. ¿Qué características adopta el juego en su novela Rayuela en relación con los siguientes aspectos: los juegos con el lector y el lenguaje y el juego?

La escritura y su complejo mundo sólo pueden ser descubiertos desde la pasión y el compromiso del lector hacia la obra (desde un entrar en el juego y arriesgar la vida en él). En palabras de Cortázar:

“La literatura tiene un margen, una latitud tan grande que permite, e incluso reclama –por lo menos para mí- una dimensión lúdica que la convierte en un gran juego. Un juego en el que puedes arriesgar tu vida. (...) La literatura hace pensar en deportes como el basketball, el fútbol (...) en donde el arte combinatorio, la creación de estrategias son elementales. Sin eso no habría juego (...)”.

El juego que propone Cortázar al lector en Rayuela es el de una búsqueda a través del caos. Una búsqueda hacia nosotros mismos representada en las experiencias y tribulaciones de un personaje (¿acaso un autor?) que recorre su “mandala”1 para llegar al centro inexistente –inasible– de sí mismo. Este juego no merece presentarse en forma ordenada porque equivaldría a negar el caos del juego característico de la infancia, donde las reglas se crean y reformulan constantemente; donde la vida y la muerte, representadas en una rayuela, pueden borrarse y volver a trazarse con la simple empuñadura de una tiza. La propuesta al juego nos lleva, invariablemente, al recuerdo de la infancia y desde allí accionaremos trasladando lo esencial de ella (tomando las herramientas y nociones necesarias para adentrarse en este mundo cortazariano): la constante gestación del mundo donde no hay nada preestablecido, donde todo puede tomar una nueva forma.

El lector comienza a ser jugador cuando logra distanciarse de lo establecido –cuando logra ingresar al caos lúdico– y abandona la postura de espectador. El lector crea y reconstruye significados a partir de la identificación (ya suponiendo un lector activo) con los referentes, prolíficos, de la vida cotidiana: lugares comunes ( tanto en el lenguaje como en el espacio), saberes comunes o personajes fácilmente identificables en la vida cotidiana (Gekrepten, la familia Gutusso). Sin embargo, esta construcción de significados surge del desorden, del recorrido desordenado de los capítulos, de informes, apuntes y notas sueltas que no hacen sino llevar, a quien entre en el juego, a una construcción de sentidos partiendo de un “desescribir la literatura”; de una reformulación de sentido y forma del enunciado (semejante a la desarticulada y discontinua obra de Berthe Trépat; original pero de dudosa aceptación del público).

Esta reformulación –este “desescribir la literatura”- se nos presenta desde la ridiculización y el juego con el lenguaje: creación del Gíglico (juego inventado por la Maga y sólo compartido con Oliveira); la burla al diccionario en el juego del Cementerio (entre Talita y Oliveira); la utilización de haches (que alejan al personaje de sí mismo –Holiveira- y de lo representado por la palabra), la proliferación de errores ortográficos (capítulo 69) o la utilización de dos niveles de lengua (capítulo 34). Morelli afirma:

“Si seguimos utilizando el lenguaje en su clave corriente, con sus finalidades corrientes, nos moriremos sin haber sabido el verdadero nombre del día”.

Desde el lenguaje encontramos también mezcla de códigos, polifonía: encontramos poesía (capítulos 121, 149); reproducción de voces (capítulo 47); modelos de fichas del Club de la Serpiente (capítulo 65); letras de tangos o canciones de Jazz (capítulos 87, 106); utilización de diversas lenguas que recorren todo el texto; artículos científicos (capítulo 62); noticias periodísticas; fluir de la conciencia (capítulo 75); cartas, etc.

Esta diversidad será unificada por el criterio artístico del lector manteniendo las exigencias del desorden, respetando o haciendo caso omiso de la numeración de capítulos propuesta por el autor en su “Tablero de dirección”, llegando a lo profundo de la búsqueda que se nos propone:

“Un lector cómplice, un camarada de camino”; “El lector hembra se quedará con la fachada”.

Cortázar nos da indicios para recorrer el mandala (o tratar de llegar al cielo de la rayuela) por medio de su alter ego: Morelli. En su voz reside el modelo conceptual propuesto, heredado de las reglas del juego, donde el lector-jugador es parte fundamental, sin él no habría juego, no habría ni tendría sentido el texto. Oliveira cuenta lo propuesto por Morelli:

“El libro debía ser como esos dibujos que proponen los psicólogos de la Gestalt, y así ciertas líneas inducirían al observador a trazar imaginariamente las que cerraban la figura. Pero a veces las líneas ausentes eran las más importantes, las únicas que realmente contaban”.

“La acumulación de fragmentos se cristalizará bruscamente en una realidad total. No queda nada subsumido”.

“(Hay que) edificar la obra sobre la base de partes sueltas”.

“Mi libro se puede leer como a uno le dé la gana”.

Los personajes de Rayuela conviven en el lector activo por medio de la asimilación e interpretación de los signos que pueblan su lectura, apelando al recuerdo del lector y logrando así emocionarlo y hacerlo sentir partícipe de la aventura de una búsqueda. Búsqueda de una nueva estética que desafía lo convencional, que quiebra con todos los espacios establecidos creando uno nuevo por medio del desorden y del caos de un juego de infancia o de la vida misma, donde todo se reconstruye y resignifica con sólo volverse concientes de la tiza que está en la palma de nuestras manos.¨




1 Mandala entendido como instrumento para lograr la concentración y la contemplación, que ayuda al espíritu a llegar a estados místicos que permitan un avance en su evolución. Rayuela es la historia de esta evolución por medio de una búsqueda, Oliveira busca llegar al centro de sí mismo; a su centro. El mandala de Oliveira (el instrumento para lograr la evolución) está representado tanto en la Maga -“¿Encontraría a la Maga?”- como en su eterno deambular por las calles de París –“París es un centro, entendés, un mandala que hay que recorrer sin dialéctica...”; y su círculo –recorrido- infinito en los capítulos que se remiten a sí mismos y que logran un efecto de perpetuidad. Oliveira quiere abrir los ojos a esa realidad auténtica que existe fuera de la cultura (del club de la Serpiente); realidad que la Maga conoce, aunque sin saberlo: “Solamente Oliveira se daba cuenta de que la Maga se asomaba a cada rato a esas grandes terrazas sin tiempo que todos ellos buscaban dialécticamente.


“-No aprendas datos idiotas -le aconsejaba-. Por qué te vas a poner anteojos si no los necesitás”.



© Hernán Maximiliano Huguet

   
    Revisado por Marisa Martínez Pérsico



Fuente. Litera Terra - El portal de la literatura en español.

Ara.

sábado, 9 de julio de 2011

Fantasías





Estoy un poco alejada de los juegos porque estoy leyendo bastante, me enganché con Rayuela de Cortázar y hace dos días que me paso el día leyendo.
 Anoche leí el capítulo en que muere Rocamadour el bebito de la Maga y eso me dejó bastante acongojada, tanto que luego soñé con nenes chiquitos y que yo lloraba porque creía que habían muerto. Un bajón.
 Tengo que buscar rápido una manera de volver a jugar para que mi alma vuelva a estar contenta. Siempre me sirvió una que hice bastante seguido que es fantasear.
 Fantasear me saca habitualmente de los pensamientos tristes y me aloja en las esferas de lo insólito, de lo casi imposible y a veces de lo mágico.
 Fantaseo sobre cualquier tema y en esa fantasía puedo ser la persona que yo quiero y busco hasta una manera de vestir particular, además de inventarme todo clase de situaciones en las que me gusto y me siento bien.
 Fantasear forma parte del juego humano y es muy necesario para mantener ese lado lúdico que nunca debemos perder.

domingo, 26 de junio de 2011

La niña oriental

Al fin al no encontrar a la dulce niña de los pájaros, la dejé únicamente en la foto de mi perfil, es Araceli, que soy yo. En su lugar en la cabecera encontré a la niña de las mariposas, me gustó porque es una chica oriental y nuevamente en este caso me gusta el diseño de la imagen y sus colores.
 Quiero decir que me ha dejado un comentario un grupo de chicos que tienen una radio digital llamada BASTA FUERTE y que lamento mucho haberme olvidado que el sábado a las 9 de la noche los podía escuchar, prometo hacerlo el próximo, imagino que es bueno lo que pasan porque después han hecho una entrada con todo lo realizado y pareció interesante. Los veré el sábado.
 Por hoy nada más, es domingo y mañana tengo que levantarme temprano.


La imagen es del pintor Alejandro Costas y se llama La noche en que las colinas hicieron el amor.

lunes, 20 de junio de 2011

La niña de los pájaros



Busco y busco sin cesar la carita de la cabecera de mi blog, Araceli, la busco sin cesar hace días y no la puedo encontrar. El tema es que quise actualizar el diseño de mi blog, pero esa carita me gustó siempre tanto, con ese color semi turquesa que me dijeron que se llamaba siam y que al ponerle una nueva plantilla no pude encontrarlo, pero bueno, le puse lo más parecido que encontré.
Resulta que esa carita cuando la ubiqué allí tenía su color primitivo que era más nítido, pero en ese tiempo yo tenía un monitor que oscurecía todas las imágenes y yo entonces las aclaraba, cuando cambié de computadora, el técnico no me trasladó las imágenes por una cuestión de tiempo y por lo tanto todo lo que tenía en imágenes me quedo en la cpu vieja.
Así es que yo no la tengo ya en carpeta sino solamente en este blog y se da el hecho de que al buscarla en el google me es imposible encontrarla, porque no quiero cambiarla, solamente que sea con el color original que entonces sí quedaría muy bonita.
Es así que hoy tanto buscar caritas, dí con el blog del pintor Alejandro Costas y estuve largo rato armando una carpeta con sus pinturas naif que tanto me gustan, pero lo que yo buscaba no lo encontré.
Al buscar y buscar encontré otro rostro pintado por otro pintor que pensé en cambiarlo por la niña de los pájaros y cuando me dispuse hacerlo, no queriendo perder del todo esa imagen la quise copiar y guardar pero estando allí como cabecera no me deja guardar y entones me siento frustrada porque no la quiero perder, pero quiero que esté más bonita, con su color original no ese aclarado que yo le hice una vez y que ahora no sé volver a su intensidad normal.
Es así que hasta que mientras trataba de resolver esto me dediqué a mi juego favorito, cual es el de coleccionar imágenes, primero fueron las de Costas, luego rostros dibujados, en fin, siempre al fin le encuentro algo lúdico a esto de estar con la computadora mucho tiempo, en este caso, cuando armo mis carpetas con imágenes me siento como cuando era una niña y coleccionaba figuritas de brillantes, algunas las ponía en un álbum, otras las usaba para jugar con mis amigas a la "tapadita".
Lindo recuerdo de mi niñez, de cuando lo lúdico era lo habitual y me hacía muy feliz.

La imagen de esta entrada es una obra del pintor Alejandro Costas.