Está lloviendo, con esa lluvia finita y tranquila de algunos días primavera, no hace frío, sólo un poco de fresco pero con mis jeans unas zapatillas, mi campera de tela de avión y su capucha me alcanzan para salir a chapotear un poco por la calle.
Me encanta esto de poder sentir caer la lluvia sobre mis hombros y si no estuviera resfriada mejor, no me pondría la capucha.
Me gusta sentir el ruido de los autos deslizándose sobre el asfalto mojado y ver cómo la gente se desepera y camina rápido y hasta corre para protegerse, de quién? de qué? de la noble lluvia, que en el campo es tan esperada y que aquí en la ciudad cuando no es tormenta no molesta, al contrario, le da al día un aire especial de melancolía que me llena el alma. Necesito vivirlo y voy a hacerlo ya mismo, será sólo un rato y cuando vuelva, me sentaré en mi cómoda cama y me pondré a hacerle un vestidito a la muñeca de mi hermanita que hace rato me lo pide, es un día ideal, desde allí miraré ya la lluvia por mi ventana. Luego en la noche creo que amerita una buena peli en el cine de mi barrio, no muy lejos, es sábado y el centro es una locura.
Ya está, ya preparé mi sábado, me siento bien, un sábado lluvioso haciendo cosas que me gusta hacer. Ara.

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